lunes, 15 de junio de 2015

BURGOS



Burgos
Ella había sido importante. Había sido el centro del mundo.  Había sido la madre de conquistadores, la madre de patriotas y la abuela de los vencedores y los vencidos. Era callada, observadora, bonachona, con el pelo recogido para leer sus libros y unas gafas anchas para curar su edad. Sonreía a los extranjeros cuando se interesaban por ella y lloraba cuando su gente la infravaloraba. Y pese a que muchas veces callaba ante las injusticias y era moderada, en ocasiones liberaba sus cabellos y gritaba en los barrios proletarios.
Era indecisa, le costaba definirse. Le gustaba dar paseos, tumbarse en la ribera, hacer muñecos de nieve. Y pese a que era fría y recta, se agachaba para ofrecerte un chocolate caliente. Era pálida, tímida, no solía hablar en alto y le dolía mirar a tras, admirar lo que había sido; arrepentirse de lo que había hecho y sufrir por lo que era; por lo que quería ser; por no aceptarse. Ella era su gente, su historia. Era alta, ostentosa, bonita pero hueca por dentro. Y sus ojos azules brillaban con impotencia al verse reflejada en un espejo de contradicciones. Era complicada. Mucho.
Ansiaba un poder que ya no tenía, un hueco. Un lugar donde refugiarse, donde morir o ser querida, no por lo que tenía, no por su cuerpo, ni por su edad. Quería ser querida por ser ella. Quería aferrarse a la idea de que podía ser algo más que todo eso. Que podía cambiar, moldearse, evolucionar.
Quería ser valiente. Ser joven otra vez.  Y sentía que podía serlo. Quería correr, tocar la guitarra, sonreír, cantar, mirar las estrellas, tropezar, caer y levantarse.
Quería aprender. Aprender a escuchar. A escuchar palabras. Palabras que salían del corazón y se grababan en la mente. Quería cambiar sus gafas por lentillas. Quería ser de colores. Quería menos ruido y más silencio.
Quería bailar desnuda, hurgarse la nariz, reírse de sí misma. Quería besar en público. Quería saber idiomas, culturas, abrirse, gritar su nombre. Y pese a todo, ser seria cuando debía serlo, no olvidar jamás quién había sido y lo que había hecho. Debíamos comprender que esa mujer ya no era ella, que las personas cambian, que ella éramos todos, y que necesitábamos quererla.

Mariam Andrés Ayuso
1º de Bachillerato H.H. y C.C.S.S.


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